No sé decir ADIÓS

mE pierdo buscando la manera de saber cómo y cuando, las gentes deben despedirse. Si es que en un momento nos dejamos de ver y es para siempre, prefiero no saberlo.
Aspiro a creer que somos eternos. Que los encuentros se encienden cuando hay luz y mueren cuando hay sombra.
Aspiro a saber que no hay últimas veces, sino que espacios largos, tal vez.

Nunca digo adiós. Ni hasta siempre. Ni chao. Ni nada.

Nunca quiero voltear para ver como te vas, sabiendo además, que lo último que veré en la vida será tu fria espalda.
Supongo que la estolidez de la rutina, me hace creer que todo es así de sencillo, que nunca se acaban las cosas, ni las risas.

Prefiero un día, ir caminando por ahí, pensando que por una casualidad, no fue la última vez, que además de los árboles y el ruido de los autos, que además de las palomas huyendo del sonido de mis pasos, te veré pasar, por una esquina, solo un momento.
Fugaz.
Vital.
Como si el tiempo aguardara oculto en mi bolsillo.

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Casualidad n°

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