
Desde qué espacio de nuestro cerebro esa estólida manía de esconder la belleza de las cosas bajo una carcasa.
Nos compramos el último modelo de teléfono por la pureza de sus líneas y lo impecable de sus materiales, pero pasamos a la tienda del lado y le compramos una estúpida carcasa de plástico indecente que engorda el teléfono y lo convierte en algo ridículo.
Escondemos el sillón nuevo bajo un tapiz de flores avejentado.
Evitamos sacarle el plástico protector a todo lo que compramos.
Teñimos nuestro pelo.
Hacemos jugo de frutas.
Le ponemos tapa a los libros.
Usamos ropa.
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