nOS HAN hecho en serie.
Nuestras caras se dibujan con los mismos pinceles. Moldes de rostros y de ideas.
Heredar un pensamiento no es nada sencillo. Hay que rasparse con fuerza pero de nada sirve.
Todo lo que descubrimos al raspar es otra capa de lo mismo.
Heredamos gustos, religiones, equipos deportivos, risas, olores, dolores, temores.
Heredamos el polerón del hermano mayor y con eso su forma de ver y de caminar.
Creemos ser originales y nos desordenamos el pelo. Nos tatuamos o nos vestimos como idiotas.
Pero cuando nos damos cuenta hay mil idiotas iguales a nosotros: hemos creado una tribu.
Pensamos en escapar de la sociedad para no ser como ellos, pero nos convertimos en una clase de ser humano preconcebido desde siglos: un ermitaño.
Y cuando ya nada basta para ser diferentes, y decidimos unirnos (si no podemos con ellos) es demasiado tarde. Por que nos pasamos la vida huyendo, escapando de nuestra propia sombra, de nuestro nítido reflejo.

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