Una vez me dije, sin saber si era cierto o no, que llorar nos hace más humanos o más débiles, que es lo mismo.
Pensar en una lágrima cayendo desde un ojo enrojecido, pensar en la calma que da una pena profunda, en ese silencio continuo y parejo; es lo mismo que dejar que las emociones nos envuelvan como en una mantita protectora.
No sé si llorar sea bueno o malo. Si nos haga menos hombres o más mujeres.
Si nos haga menos cuerdos y más infantes.
Si nos haga desahogarnos o ahogarnos.
Solo sé que las lágrimas caen una tras otra, emulando la lluvia del otoño, las hojas cayendo o el frío de una tarde sin café.
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