Decir que una fotografía borrosa está mal, es como afirmar que la voz desafinada de Bono no concuerda con la banda.
Aseverar ese tipo de cosas respecto del arte, nos hace seres presumidos por antonomasia.
Ahora bien, quisiera decir algo sobre el gato.
Este gato que ahora veis, es un gato borroso, impreciso si se quiere, más no por ello menos prístino en su mirada.
La audacia de esta fotografía, la calidez se da precisamente en el hecho de que está borrosa. Hay aquí movimiento simple, contacto directo con el gato, algo de verdad en el segundo-instante en que el gato mira, pregunta o pide, cuestiona su mundo desde el punto de vista gatuno más inocente.
No quiero decir con esto que todas las fotografías borrosas tengan gracia. No.
Mas, como en la vida sucede en la fotografía, donde a veces, los sueños más inquietos, las epifanías más imposibles, hacen que nuestra verdad cobre aun más relevancia y que la esperanza se haga menos lejana.

¿Algún comentario?
Publicar un comentario